Aprendizaje profundo para desarrollar habilidades que permitan comprender y actuar en el mundo.

El Autor

La maestra Ma. Del Pilar Rodríguez y Díaz estudió la Licenciatura en Educación Preescolar, Licenciatura en Psicología Educativa y la Maestría en Educación. Se ha desempeñado como docente en la Universidad Anáhuac, la Universidad Iberoamericana, la Escuela Normal Vallarta; además de ser directora de escuela nivel secundaria y  Escuela Normal. Es investigadora titular e investigadora adjunta. Entre sus publicaciones se encuentran: el tiempo de reacción psicosocial del párvulo, publicado por Trillas.   

Mtra. Ma. del Pilar Rodríguez y Díaz

Correo: mprodriguezd@yahoo.com.mx

Resumen

Los cambios nacionales y mundiales por epidemias, las crisis económicas y culturales, cambios de regímenes políticos que hemos vivido y no hemos resuelto nos llevan a cuestionarnos lo siguiente: ¿Qué enseño?, ¿cómo enseño?, ¿para qué enseño? ¿cómo aprenden?, ¿qué les interesa aprender?, ¿qué les sirve, qué necesitan aprender para su vida?, ¿qué visión necesito yo para enseñar y educarlos? Si nuestro alumno entiende el mundo de hoy, ¿tendrá conocimientos, recursos, estrategias para conocer el mundo del futuro? Pues el futuro empieza hoy por la tarde, mañana mismo…

Una pregunta imprescindible para entrar en el tema es qué y cómo le voy a enseñar a mis alumnos a comprender y, por lo tanto, a actuar en el mundo. Lo que les enseñe hoy, ¿le va a servir en cinco, diez, veinte años? Vivimos en un mundo cuyo signo de identidad es el cambio, la velocidad y el continuo “progreso”. Se ha comentado con certeza que lo que hoy es actualidad mañana será historia y con la misma velocidad que los acontecimientos pasan a ser historia, nuestros conocimientos pasan a ser anticuados e inservibles. ¿Qué tienen que aprender mis alumnos para su vida personal, profesional, ciudadana… dentro de unos años? Porque el futuro está cerca… Nos interesa no sólo el éxito escolar actual, sino lo que les va a servir por más tiempo en su vida.  Se ha comentado recientemente que “el grave problema de la educación en México es que se da mucha teoría y pocas habilidades blandas”[1]. Una de las habilidades más valoradas en nuestra sociedad por su influencia en la probabilidad de adaptabilidad y éxito de las personas en su vida personal, profesional y social, son las que no suelen ser trabajadas directamente en el aula, sino de manera transversal y que cada vez más se considera imprescindible su desarrollo desde edades tempranas.

De esas habilidades necesarias para un desempeño en la vida, nombraré el aprender a aprender, la autonomía: es decir, estrategias para aprender no sólo contenidos escolares sino habilidades, destrezas, hábitos y procedimientos que se necesitan fuera del ámbito escolar… y no sólo para contribuir a un mayor puntaje en evaluaciones nacionales e internacionales. Se basa en una concepción holística del aprendizaje que tiene como centralidad el desarrollo socio- afectivo-cognitivo-espiritual del estudiante, desde la educación inicial y a través de toda la vida, en sus respectivos espacios físicos, sociales y simbólicos; en la significatividad y funcionalidad de los aprendizajes; en el desarrollo integrado de habilidades, conocimientos, valores y actitudes, en la diversidad de la mediación educativa profesor–alumno–entorno.

Estas habilidades se les ha llamado habilidades blandas (soft skills en inglés), y hacen referencia a las habilidades no-cognitivas (no relativas al conocimiento) que permiten la construcción de conocimiento y relación con uno mismo y con los demás, la resolución eficiente y creativa de problemas, reconocer y manejarse a nivel emocional, plantearse objetivos y planificarse para conseguirlos, etc. Nos referimos a una dimensión personal del aprendizaje en que el alumno se “adueña” de sus aprendizajes, y se hace consciente que no son dictados desde el entorno. Se trata de habilidades que, con respecto a las habilidades cognitivas, se centran en la experiencia y la adquisición de contenidos transversales; es decir, se dan en todos los contextos de la vida y suponen el modo en que las personas nos relacionamos con el propio entorno. Sus beneficios van mucho más allá del éxito escolar o profesional.

Los alumnos con habilidades cognitivas de alto nivel pueden conseguir destacados logros académicos, reconocimientos escolares, promedios excelentes de calificaciones, pero si no van acompañadas del desarrollo de habilidades blandas de buen nivel, puede que no se dé en la vida personal, social y/o profesional un comportamiento y logros que le permitan desempeñar diferentes actividades satisfactoriamente. Las habilidades blandas nos ayudan a resolver conflictos, relacionarnos; marcan la convivencia con los demás a mediano y largo plazo. Los estudiantes con habilidades transversales o habilidades blandas de alto nivel, pero sin estudios académicos pueden alcanzar muy buenos niveles en su calidad de vida personal, profesional y social.

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Las habilidades duras (hard skills en inglés) son habilidades que nos ayudan a utilizar una herramienta o desarrollar una actividad y están directamente relacionadas con las áreas del conocimiento, como conocer la teoría del Big Bang, o la teoría de la inflación cósmica, la teoría del universo oscilante, acerca del origen y evolución del universo; o saber realizar un proceso de laboratorio y conocer las bases de una reacción química para predecir resultados trascendentales, lo que permite la construcción del conocimiento científico escolar del estudiante. Resulta ser beneficioso aumentar el interés por aprender nuevas conceptualizaciones para poder resolver alguna situación-problema que se presente en el aula de clase para que puedan aplicarla a su cotidianidad. Estas habilidades duras se obtienen a través del estudio y el entrenamiento.[2]

 

El aprendizaje y desarrollo de las habilidades blandas o, como las han llegado a llamar, “destrezas del siglo XXI” son la creatividad, la innovación, el pensamiento crítico, la resolución de problemas, el trabajo en equipo, la colaboración, la comunicación efectiva, la capacidad de concentración, la capacidad de organización, la fuerza de voluntad y esfuerzo, la flexibilidad, la adaptabilidad, la iniciativa, la autonomía, la sociabilidad, la competencia intercultural, la productividad, el liderazgo, la responsabilidad, la inteligencia emocional, la escucha activa, el liderazgo, planificación y gestión del tiempo, la toma de decisiones.

 

Este panorama requiere una visión con pensamiento holístico por parte del maestro, que no se reduzca a los aprendizajes estipulados en un programa y que le permitan al alumno percibir y analizar la realidad de un modo integral, para lo que se requiere pensamiento complejo. Para este cambio, se formularán actividades de aprendizaje que potencien la formación en valores, el compromiso con la sociedad, el espíritu colaborativo en equipo, que promuevan la autoestima, la flexibilidad y la adaptabilidad, y el uso de las nuevas tecnologías. Los contenidos le serían muy pronto obsoletos en el mundo inestable de la incertidumbre, la contradicción y el cambio caótico; por lo tanto, optar por un aprendizaje situado permite unir el vínculo entre la escuela y la vida. Es un enfoque holístico: el maestro ve el todo desde su disciplina y lo enseña.

Mathew Lipman

Como propone Mathew Lipman,[3] este enfoque requiere trabajar en el aula con un pensamiento de orden superior o pensamiento de alto nivel o pensamiento complejo, tanto de parte del profesor como por parte del alumno para entender la realidad del presente, y rechazar la aceptación de formulaciones o soluciones simplistas. Examina su metodología, procedimientos, perspectiva y puntos de vista propios, y se prepara para identificar los factores que llevan a la parcialidad, a los prejuicios y al autoengaño. Conlleva pensar sobre los propios procedimientos de enseñanza–aprendizaje, con una visión estimulante por lo que es problemático o complicado.

Para Lipman la complejidad implica variedad, diversificación infinita, individualización, todo ello pone en movimiento el pensamiento crítico, creativo, la lógica informal, la lógica de la cotidianeidad, la articulación afectiva, la reflexión social, el juicio estético, el razonamiento moral, la “diálogo comunitario”.

 

Esta puede ser una de las respuestas al tema que nos ocupa hoy, el de lograr que el alumno tenga un aprendizaje profundo para comprender el mundo. La misión de enseñar a aprender y enseñar a pensar es una solución al problema educativo de “qué enseño” y “cómo aprende” mi alumno. Este es el verdadero contenido de los conocimientos escolares, saliendo de una repetición que a veces no comprende el alumno, para entrar a un medio para resolver problemas. Conocer para vivir, pediría el alumno, es la importancia que reviste pensar críticamente, de forma profunda, para que se enfrenten a los desafíos de la sociedad moderna y su acción en el mundo del futuro. Hay que rescatar que el conocimiento no es algo dado y cerrado, se reconstruye permanentemente de forma intersubjetiva. Aquí es donde el pensamiento complejo puede identificar los factores que llevan a la parcialidad, a los prejuicios y al autoengaño.

 El docente ha de transformar y resignificar su práctica cotidiana. Se tendría que avanzar hacia la categoría de la complejidad, aprender a ver la realidad desde múltiples direcciones para tratar de entenderla; en tanto sigamos alejados de esa realidad, será prácticamente imposible comprender e influir en ella. 

Lipman define el pensamiento de orden superior como aquel que es rico conceptualmente, que es coherentemente organizado y persistentemente exploratorio. Es necesario promover el diálogo en el aula y en los espacios sociales con un nivel de dificultad superior al que un alumno pueda atender, pero que, en conjunto, pueda ver que es posible alcanzar, es decir, plantear retos intelectuales que permitan crecer. Trabajar los modelos reflexivos (analizar algo con detenimiento) permite buscar que los alumnos desarrollen formas de pensamiento que les permitan un buen inicio para tratar los grandes problemas que vive nuestra sociedad, sin duda, Lipman no se equivoca al decir que la escuela es motor de transformación social, moral y política.[4]

Pensamiento Complejo

Una de las formas en que se promueve el desarrollo de pensamiento complejo en el aula es dejar la posibilidad abierta al error, considerar que el conocimiento no está acabado, que podemos ser más razonables en la medida en que nos escuchemos y tomemos en cuenta a los demás, que todos tenemos una historia con características diversas siendo esa diversidad la que nos enriquece. El proceso de enseñanza y aprendizaje está configurado por un entramado de múltiples relaciones entre aspectos y dimensiones de los individuos que somos parte del proceso educativo, entre ellas la emotiva, afectiva y social del pensar. 

 

Este aprendizaje de alto nivel es un aprendizaje profundo que implica comprender a fondo. Conlleva el establecimiento de relaciones significativas entre los conocimientos previos y la información que debe llegar a constituirse en conocimiento, a través de las dinámicas de profundización y de extensión. No basta con incrementar o mejorar la calidad de las conexiones entre el nuevo conocimiento y los diversos niveles de la experiencia y conocimientos previos, es necesario que este enriquecimiento del contenido aprendido se transforme en dominio. El dominar un tópico implica ir más allá de la mera reproducción de dicho conocimiento, es ir a través de la ejecución de otras operaciones mentales como dar explicaciones, mostrar evidencias y ejemplos, generalizar, aplicar a situaciones nuevas, establecer analogías, representar el conocimiento en forma diferente, usarlo para resolver problemas mediante conexiones significativas y efectuar múltiples operaciones mentales con los contenidos.

Los aprendizajes pueden tener diferentes niveles de profundidad:[5]

  • En un Nivel 1 exige la reproducción de la información.
  • En el Nivel 2 da cuenta de la capacidad de realizar una serie de operaciones mentales sobre un contenido utilizando la información dada, como la comparación a partir de criterios preestablecidos, o el ordenamiento secuencial de una serie de eventos o acontecimientos.
  • En el Nivel 3 hay relación con la capacidad de reelaboración personal que realiza a partir de la información disponible, agregando dimensiones de la información que no han sido explicitadas.

El pensamiento profundo implica llegar al nivel 3, que trabaja con pensamiento crítico, pensamiento creativo y pensamiento metacognitivo.  Para poder interpretar mi realidad, nuestra realidad mutable, es imprescindible considerar la posibilidad de que podemos equivocarnos si no hay un proceso de investigación que maneje la totalidad, lo que exige que el pensamiento complejo incluya un pensamiento rico en recursos metacognitivos, autocorrectivos, indica Lipman.[6] Esto abre la posibilidad de llegar a comprender y actuar en el mundo.

2.2.1

Ser capaces de organizar la información que recibimos en unidades o conjuntos significativos es trabajar con pensamiento profundo que es pensamiento complejo. Estos conjuntos conceptuales son redes de relaciones, y ya que cada relación es una unidad de significado, cada una de las redes alternativas de conjuntos se configura como un tejido significante. Es el pensamiento apto para unir, contextualizar, globalizar y al mismo tiempo para reconocer lo singular, individual y concreto. Se postula admitiendo el futuro con incertidumbre desde el conocimiento crítico de lo actual, para llegar a actuar en el mundo y no sólo ser un observador. Es permanecer atento a los cambios de la realidad social y cultural, sensible a los problemas y contradicciones en que se debate la situación actual, abierto a las concepciones plurales que se manifiestan, crítico frente a cualquier solución dogmática que trate de imponerse. Es un pensamiento multidimensional al plantear a uno mismo y al otro, tesis provocativas, que hagan pensar, aunque molesten. Exige esfuerzos para considerar rigurosamente todas las ideas, en tolerancia ante la incertidumbre.

Gran parte de nuestro conocimiento es acrítico, se desarrolla mediante asociaciones. Pasando de un paradigma en donde el profesor es quien pregunta y ordena lo que tienen que saber los alumnos, a un paradigma que implica un cuestionamiento de la educación, donde los profesores y los alumnos se interrogan unos a otros, con un pensamiento que trata con la incertidumbre y es capaz de concebir la organización.

Los aprendizajes escolares abordarán realidades que pueden ser medidas, pesadas, situadas en el espacio, dominadas y manejadas, las cuales A. L. Quintás[7] identifica como realidades objetivas. Aquellas realidades que no son susceptibles de medir o delimitar, como son los aspectos éticos, afectivos, profesionales, estéticos y religiosos que se producen como resultado de la interacción del ser humano con múltiples realidades como la familia, el colegio, la tradición, las obras culturales, se consideran ámbitos donde se realiza el encuentro. Son herramientas que le permiten al estudiante tener acceso a un aprendizaje profundo para “leer e interpretar la realidad circundante y lejana”. El encuentro no es la mera cercanía física de dos personas, no significa ver, saludar y conversar con alguien, si no que se entretejen dos ámbitos que se enriquecen mutuamente para dar lugar a otro ámbito. “La vida humana es un tejido de encuentros que ha de ampliarse indefinidamentea fin de construirse como persona.

 

Sin pretender finalizar estas reflexiones, consideramos que es en el encuentro con los otros y con nuestras realidades, en donde se da un aprendizaje profundo para comprender el mundo. En el avance de los esfuerzos en la mejora de la educación, no sólo de la instrucción, está el trabajo arduo de lograr que el alumno construya conocimientos, habilidades, destrezas, valores desde el aprendizaje profundo, que comprende el pensamiento crítico y creativo, el metaconocimiento. Sobre todo, que conozca y participe en su propia construcción para comprender el mundo y actuar en él, para que el maestro tenga una perspectiva más clara del “qué enseño”, “cómo aprende” y “para qué” aprende mi alumno.

Alcances, aportaciones y aspectos relevantes del trabajo presentado

El aprendizaje en esta época de incertidumbre y cambios necesita ser revisado, de ser solamente la adquisición de conocimientos, a irrumpir en un aprendizaje profundo que implica el dominio, la transformación y la utilización de ese conocimiento para resolver problemas reales.

Para comprender el mundo, el alumno necesita aprender qué es, cómo es y cómo vivir en él. Con esto los ayudaremos a aprender a resolver conflictos y no sucumbir en ellos, a relacionarse, a ser ellos mismos en un encuentro de ámbitos. Sacarlo del comportamiento de no interesarse por la verdad, el conocimiento, aceptando todo tipo de prejuicios y de información proveniente de muchos escenarios sociales, sin cuestionar, y abordar escenarios educativos en que superen la dificultad de pensar o dar razones para apoyar lo que creen o piensan.

Citas

[1] Paulina Amozurrutia Navarro, Revista Innovación Empresarial, Coparmex, México, no. 16, septiembre, 2022.

[2] Rosa María Chiarella, et. al., Percepción sobre habilidades blandas en representantes de dirección académica, estudiantes de último año y uno de los grupos de interés de la facultad de gestión de una universidad privada de Lima, en el periodo 2019 I, Tesis de Maestría, Universidad Tecnológica del Perú, Lima, 2019. Disponible en: https://1library.co/article/definiciones-habilidades-blandas-bases-te%C3%B3ricas.zkw50vez  

[3]Matthew Lipman, Pensamiento Complejo y educación, Madrid, Ediciones De la Torre, 2016.

[4] Op. Cit.

[5] Beas, J.; Manterola, M.; Santa Cruz, J.; Carranza, G., y Arredondo, D., Enseñar para la comprensión profunda: diseño y contratación de un modelo centrado en el aprendizaje y el pensamiento, Santiago, Facultad de Educación, Pontificia Universidad Católica de Chile, 1997.

[6] Matthew Lipman, Pensamiento Complejo y educación, Madrid, Ediciones De la Torre, 2016.

[7] Alfonso López Quintás, El arte de pensar con rigor y vivir de forma creativa, Madrid, Asociación para el Progreso de las Ciencias Humanas, 1993.

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