Educar para el diálogo y para una nueva relación con la naturaleza, retos de la escuela en un mundo en crisis

14 de junio de 2018. El segundo panel del Foro ENFOQUES EDUCATIVOS: UNA PERSPECTIVA SOCIAL, se centró en la educación en el contexto contemporáneo. Mientras el panel inicial reflexionó sobre el sujeto y las habilidades a desarrollar en el individuo, la crisis mundial de violencia, individualismo y ecocidio fueron la realidad a discutir en torno de la educación. Realizado el pasado 26 de mayo en Ciudad de México, el foro buscó aportar insumos en la discusión hacia un paradigma propio de la Confederación Nacional de Escuelas Particulares.

Inició el intercambio el doctor César Enrique Pineda, quien además de ser experto en educación popular, es docente en la Universidad Nacional Autónoma de México. Sostuvo que la crisis ecológica debe someter a revisión total, la forma de enseñar y la ciencia. La separación hombre-naturaleza y el carácter utilitario sobre la biosfera, resulta en una visión donde el hombre es la especie superior, (especismo), y donde la realidad gira alrededor del hombre mismo (antropocentrismo). Esta autoreferencialidad y el desarrollo de la economía de crecimiento sin límites serían el origen de una crisis devastadora, que ha alarmado a toda la comunidad científica internacional, pero también al Papa Francisco. El Dr. Pineda expresó que Laudato Sí, del Santo Pontífice, comprende la situación de alarma en que se encuentra la humanidad. El llamado que se hace desde la iglesia, se sitúa en concentrar todas las energías en un cambio urgente y radical de la relación del hombre frente a la naturaleza.

En su exposición, planteó que la fragmentación disciplinaria clásica de la enseñanza es un obstáculo para la educación ambiental, entendida esta no como la formación cívica en relación a los desechos, sino la comprensión integral del hombre como parte de la naturaleza, de la necesidad de entender los ciclos naturales y sociales articulados, y en especial, la crítica al horizonte de crecimiento infinito, imposible en un planeta que por definición, tiene ecosistemas con posibilidades y tiempos de regeneración que no pueden ser rebasados.

Finalmente, habló de cómo las prácticas escolares deben buscar reintegrar el conocimiento popular, ancestral y científico. Propuso prácticas cotidianas de relación con lo no humano, buscando que el estudiante aprenda el cuidado y gestión de lo natural, así como las prácticas productivas con la tierra, la crianza y el cultivo medicinal, que lo interconecten con lo que los pueblos indígenas llaman, madre tierra. “El estudiante debe conocer, analizar y aprender de las instituciones comunitarias que existen en buena parte del mundo que regulan la utilización del agua y la tierra”, concluyó.

Por otro lado, el religioso Jorge González Candia, quien ha coordinado una seria investigación sobre la violencia en México, a través del programa Jesuitas por la paz, expuso algunos de los resultados de la misma. Desde su perspectiva, existe una grave crisis familiar, origen de ciertas violencias y miedos. El padre moderno, debido a la precarización del empleo, debe buscar dos fuentes de trabajo, alejándose de los hijos. El miedo de los padres al rechazo por el aparente abandono que obligan las nuevas formas asalariadas, hace que los padres tiendan a evadir el conflicto, que es inherente a la vida cotidiana entre padres e hijos. Así, los padres buscan sustituir con objetos el tiempo que no pueden pasar con sus hijos, sin poder enseñar que el fracaso, las limitaciones, las carencias y el sufrimiento son también parte de la vida y en especial, que se puede aprender de ellas. Se forman así personas intolerantes a la frustración.

En ese contexto la escuela está debilitada como formadora, con un sistema educativo ensimismado. La escuela tendría que impulsar la formación de habilidades para la convivencia, renunciando a formar para competir en la más radical forma individualista. Desaprender esta obsesión competitiva es tarea de la escuela moderna, creando habilidades para reconstruir vínculos con la tierra, la historia, la memoria, en una cultura de agradecimiento.

González coincidió con el maestro Michel Zeferino, quienes abogaron por una educación crítica, donde se forman sujetos conscientes de su realidad pero también responsables, no sólo a través de los contenidos curriculares, sino del aprendizaje de habilidades colectivas para el pensamiento complejo, para crear soluciones en equipo, para el cuidado y la identificación de lo común y no sólo de las individualidades.

El panel terminó con una lluvia de preguntas e intervenciones de los asistentes, quienes querían profundizar sobre los mecanismos prácticos y pedagógicos de la educación ambiental, para la paz y para la justicia. Aprender a dialogar, tomar decisiones y llevarlas a cabo en colectivo, parece un aprendizaje fundamental en ese horizonte.

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